...y él seguía asomado a la ventana del miedo, como tantas y tantas otras veces. No es que fuera en sí mismo un habitual de las alturas, pero a él siempre le gustó acariciar el vacío, sentir el significado de la nada, tocarla con los dedos.
La calle seguía desierta a esas horas, parecía que al mundo se le había olvidado vivir aquella tarde, no había luces, no había nada, tan sólo el sonido del silencio contra la acera. Allí seguía, como siempre. Parecía imposible creer que alguien hubiera podido sostener aquel recuerdo durante tantos y tantos años. Era algo más que el peso sobre la espalda, más que todas las otras historias. Un dolor a la altura del esternón muy parecido a la nostalgia. Aquel invierno caía con fuerza, mucho más que otras veces.
-Hacía ya muchos años que la venganza no caía con tanta fuerza Lecci, es un tiempo extraño ¿no crees?
-¿Para la venganza? Bueno Mario, en realidad nunca hubo un tiempo específico para ella. La venganza en si misma no es nada, el tic-tac de un mal recuerdo, nada más. Un fantasma amargo.
Mario seguía con la mirada absorta en la acera, tic-tac, tic-tac...
-Es cierto Lecci, a uno se le encoge el alma al pensar en la venganza. No es más que lluvia, el tic-tac del recuerdo...

La calle seguía desierta a esas horas, parecía que al mundo se le había olvidado vivir aquella tarde, no había luces, no había nada, tan sólo el sonido del silencio contra la acera. Allí seguía, como siempre. Parecía imposible creer que alguien hubiera podido sostener aquel recuerdo durante tantos y tantos años. Era algo más que el peso sobre la espalda, más que todas las otras historias. Un dolor a la altura del esternón muy parecido a la nostalgia. Aquel invierno caía con fuerza, mucho más que otras veces.
-Hacía ya muchos años que la venganza no caía con tanta fuerza Lecci, es un tiempo extraño ¿no crees?
-¿Para la venganza? Bueno Mario, en realidad nunca hubo un tiempo específico para ella. La venganza en si misma no es nada, el tic-tac de un mal recuerdo, nada más. Un fantasma amargo.
Mario seguía con la mirada absorta en la acera, tic-tac, tic-tac...
-Es cierto Lecci, a uno se le encoge el alma al pensar en la venganza. No es más que lluvia, el tic-tac del recuerdo...
