...Mario observaba entre las sombras el reloj que Lecci llevaba desde hacía tantos años entre la piel de sus bolsillos. -Lecci, es absurdo mirar la hora en un reloj sin manijas, ¿no te das cuenta? Se soltaron de la esfera.
Lecci suspiró por miedo a estallar en la hiriente sonora. -Escucha, hace mucho tiempo que los relojes traicionaron su vocación. El reloj en sí mismo no es nada, un olvido entre el recuerdo del tiempo, me ayuda a ver que aún sigo vivo aunque no lo parezca...

Lecci suspiró por miedo a estallar en la hiriente sonora. -Escucha, hace mucho tiempo que los relojes traicionaron su vocación. El reloj en sí mismo no es nada, un olvido entre el recuerdo del tiempo, me ayuda a ver que aún sigo vivo aunque no lo parezca...
