El fin del mundo, del suyo, llegó puntualmente a la hora de la cena. Él sorbió de nuevo la sopa, estaba fría. La sombra del reloj se derramó entre los cubiertos huérfanos de la mesa, ella no estaba. Se levantó lentamente de la mesa, miró su recuerdo colgado del perchero y se dispuso a suicidar la cena lentamente...


1 comentario:
Cuando tu tiempo se comprime hasta no dejar sitio a una cuchara sopera.
Un saludo.
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